Happy Mothers’ Day!  What can I say?  We would not be here without you…literally.  Thank you.  Mothers teach us accompaniment; they teach us how to feel in ourselves the joy and the upsets of others in our life.  The Bible gives motherhood as an image of joy and comfort in Isaiah 62:1-5 and 66:10-16 and in psalms 128 and 131.  It also shows the profound grief of a mother accompanying or wanting to accompany her children in Jeremiah 31:15-17 and Matthew 23:31-37.  In the Catholic Church we have a beautiful tradition of placing ourselves before Mary, our mother, or of being nourished and instructed by Mother Church.  The place of mother in our faith makes our faith and us, the faithful, a bit more human.  Mothers, thank you for all you do.

In the second reading this weekend, St. Peter reminds us that all of us are called to be living stones.  It is a reminder that the greatest and the least (in worldly terms) have much to contribute to God’s work in the world.  I commend all of you for your prayers during this time of need.  Continue to be strong stones, strong families in this regard.  I commend the works of mercy that you choose to carry out.  Together as living stones, we build up the church.

All of us are living stones by our baptism.  We have particular missions or vocations according to the plan of God and gifts of the Holy Spirit.  Some are mothers and fathers.  Some are called to share in ordained ministry as deacons as we hear in today’s first reading.  I am happy to inform you that two Sundays ago, ten men were ordained deacons (one permanent deacon) at our cathedral in Cincinnati.  How is God calling you?

The Lord is my light and my salvation, whom (or what) do I fear.

In Christ,

Fr. Rob

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¡Feliz día de las madres! ¿Qué puedo decir? No estaríamos aquí sin ellas. A nuestras madres, gracias. Las madres nos enseñan acompañar uno a otro; Nos enseñan cómo sentir en nosotros mismos la alegría y las molestias de los demás. En la Biblia la maternidad es una imagen de alegría y consuelo en Isaías 62: 1-5 y 66: 10-16 y en los salmos 128 y 131. También muestra el profundo dolor de una madre que acompaña o quiere acompañar a sus hijos en Jeremías 31 : 15-17 y Mateo 23: 31-37. En la Iglesia Católica tenemos una hermosa tradición de ponernos ante María, nuestra madre, o de ser alimentados e instruidos por la Madre Iglesia. El lugar de la madre en nuestra fe hace que nuestra fe y sea un poco más humana, más cercana, más del corazón.  Madres, gracias por todo lo que hacen.

En la segunda lectura de este fin de semana, San Pedro nos recuerda que todos estamos piedras vivas. Dice que los pequeños (en términos mundanos), igual con los grandes, tienen mucho que aportar a la obra de Dios en el mundo.  Así es la familia unida en la oración.  Siguen siendo piedras fuertes, familias fuertes en este sentido. Las obras de misericordia se practican por todos.  Juntos como piedras vivas, construimos la iglesia.

Todos nosotros son piedras vivas por nuestro bautismo.  Algunos están llamados a participar en el ministerio ordenado como diáconos, como escuchamos en la primera lectura de hoy. Me pongo feliz informarle que hace dos domingos, diez hombres fueron ordenados diáconos (un diácono permanente) en nuestra catedral en Cincinnati. ¿Cómo te está llamando Dios?

El Señor es mi luz y mi salvación, a quién (o a qué) temo.